viernes, 27 de agosto de 2010

El saxo más alto


Hace 90 años nacía Charlie Parker

Cuando en 1959 Julio Cortázar publica El perseguidor, en su libro Las armas secretas, hacía cuatro años que Charlie Parker había muerto, mientras miraba televisión. Nacido el 29 de agosto de 1920, el saxofonista más famoso hubiera cumplido, hoy, nueve décadas.
Dicen que el primer médico que vio su cuerpo sin vida pensó que se trataba de una persona de 60. Charlie tenía 35. Una vida breve, marcada por el dolor y la droga (heroína, la white trash que tantos artistas se llevó), que sin embargo no le impidieron dar nacimiento y desarrollar, junto a genios como Dizzi Gillespie, uno de los estilos de jazz que marcarían la música de allí en más: el bebop.
Sobre las creaciones de Parker, escribe Cortázar en El perseguidor, hablando del alter ego del saxofonista, Johnny Carter: “Este jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música queda en absoluta libertad, así como la pintura sustraída a lo representativo queda en libertad para no ser más que pintura”.
El bebop, generado durante la década de los 40, forzará los límites del swing –estilo del cual deriva– para ofrecer una música mucho más libre y frenética, pura energía y velocidad, que contrastará con los esquemas clásicos del jazz, incluidos sus exponentes más osados, haciendo énfasis en el “delirio improvisatorio”.
En ese entonces y por largos años, la cadencia hipnótica del bebop daría ritmo y melodía a las búsquedas, las aventuras de lo que se dio en llamar la Generación Beat, la contracultura de los 50, prolegómeno de los convulsionados 60 y la psicodelia.
Dicen que el arte anticipa fenómenos sociales que luego se cristalizan en el resto de los planos. Quizá podamos ver en el bebop el inicio de una ruptura de formas que estallaría en los años siguientes, de diferentes maneras.
El fenómeno –descripto por Cortázar– se empezó a cocinar en Nueva York, “cuando Johnny (léase Ch. Parker) se hizo famoso de la noche a la mañana simplemente porque alguien le dio la oportunidad de reunir a cuatro o cinco muchachos a quienes les gustaba su estilo, y Johnny pudo tocar a sus anchas por primera vez y los dejó a todos asombrados”. Agrega Cortázar, respecto de los años 1948-1950, cuando el nuevo estilo se impuso en la vanguardia musical de N.Y., para luego extenderse a París y las grandes ciudades de Europa: “Fue como una explosión de la música, pero una explosión fría, silenciosa, una explosión en la que cada cosa quedó en su sitio y no hubo gritos ni escombros, pero la costra de la costumbre se rajó en millones de pedazos y hasta sus defensores (en las orquestas y en el público) hicieron una cuestión de amor propio de algo que ya no sentían como antes. Por que después del paso de Johnny por el saxo alto no se puede seguir oyendo a los músicos anteriores y creer que son el non plus ultra; hay que conformarse con aplicar esa especie de resignación disfrazada que se llama sentido histórico, y decir que cualquiera de esos músicos ha sido estupendo y lo sigue siendo en-su-momento. Johnny ha pasado por el jazz como una mano que da vuelta la hoja, y se acabó”.
El 10 de marzo de 1955 moría Charlie Parker, tras 35 años de una vida que nos gusta recordar en estas fechas, con la celebración de su nacimiento, cuando en Kansas City, en el seno de una familia negra humilde, comenzaba a volar el entrañable “Bird”.


EGE

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